23.3.13

El arte de la supervivencia

Encuentro con un artista excéntrico de Douma, la ciudad liberada de la periferia de Damasco. El chico utiliza los restos de obuses lanzados contra la ciudad para fabricar diferentes utensilios.


16.2.13

Hussein Ghrer, o el cielo que no se viene abajo

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 El último tuit de Hussein Ghrer es del 16 de febrero de 2012, y trata sobre una pancarta de apoyo al régimen que se encontró en una plaza del centro de Damasco, y que decía: “Mientras Bashar (Al-Asad) esté bien, el mundo irá bien”. En ese mismo día en el que el mundo iba bien, Hussein, junto a otros doce compañeros, fueron detenidos en el asalto de lasfuerzas de seguridad a la sede del Centro Sirio de Comunicación y Libertad de Expresión. No era la primera vez que Hussein visitaba los calabozos de los aparatos de represión del tirano; en otoño de 2011 ya había pasado largas semanas detenido.

Hussein Ghrer, ingeniero informático de 33 años, esposo de Mais y padre de Ward y de Zein, es uno de los blogueros sirios más veteranos, y también es uno de los más conocidos. Antes de la revolución, cuando todavía no era fácil encontrar blogueros residentes dentro del país que atravesasen las líneas rojas y las barreras de miedo para tratar temas de interés público, ya sean de política o de sociedad, Hussein era un activo fijo en todos estos campos, ya sea para pedir la liberación de los presos políticos, o para expresar la solidaridad con el pueblo palestino durante los sucesivos ataques israelíes contra Gaza, o para expresar posturas progresistas en los temas del endurecimiento del Código Penal sirio en referencia a los mal llamados “Crímenes de Honor” o sobre el derecho a la nacionalidad siria para los hijos de madre siria y padre extranjero. Hussein siempre habla claro y de manera firme. No pierde mucho el tiempo en intentar agradar con la expresión de su credo, pero eso no impide que sea uno de los tipos más dialogantes y sosegados en el intercambio de ideas que haya visto en toda mi vida.

Semanas después de la detención colectiva, la mayoría de los detenido fueron liberados con cargos, quedando solo Hussein y otros cuatro compañeros. Las condiciones eran duras, ya que se les sometió a aislamiento total, y toda visita o asistencia jurídica y médica quedó prohibida. Hubo que esperar diez largos meses hasta que se les permitiese recibir la visita de los familiares, y fue en esta primera visita cuando Hussein recibió la noticia del fallecimiento de Mustafa Karman, esposo de su hermana Maha y uno de los activistas relevantes en el barrio de Bustan Al-Qasr en Aleppo. Mustafa falleció el 16 de noviembre pasado víctima de los obuses que cayeron en el barrio mientras se estaba celebrando una de sus conocidas concentraciones. Era el día que Hussein Ghrer cumplía 9 meses en la cárcel, y también era el día en el que se cumplían 43 años del ascenso al poder de Hafez Al-Asad, padre del actual cabeza del régimen, mediante un golpe de Estado contra sus propios compañeros del partido Baaz. Hussein le redactó una emotiva carta de condolencia a su hermana, y ésta no dudó en compartir sus palabras en las redes sociales; Hussein le prometía que seguiría el camino por lograr todo lo que su cuñado soñó en alcanzar.

No sabemos si a Hussein y los demás compañeros que todavía están detenidos les llegó la noticia del fallecimiento de Aiham Ghazzoul, el médico de 26 años que colaboraba con el Centro. Aiham había sido detenido con sus compañeros aquel 16 de febrero, y había sido liberado semanas después junto con parte de los detenidos, pero más adelante volvió a los calabozos. Su familia supo que había fallecido hace semanas bajo tortura, y su cuerpo sigue “secuestrado” en la morgue de un hospital. Así es la Siria en la que Bashar Al-Asad está bien.

Puede que Hussein Ghrer en libertad no signifique que el mundo vaya bien, pero eso asegura que habrá alguien luchando sin descanso para que Siria sea un país dónde haya más justicia y libertad. Hussein y sus compañeros son un ejemplo de a qué se refería Faraj Bayrakdar, el conocido poeta sirio que sufrió década y media los calabozos del tirano padre, cuando dijo que un único pájaro volando es suficiente para impedir que el cielo se venga abajo..



6.2.13

Mortero

Cortometraje con imagenes de los momentos previos al impacto de un mortero en la calle dónde se celebraban, el 16 de noviembre pasado, las manifestaciones de Bustán Al- Qasr, en Aleppo. En esta agresión del Ejército fallecieron 6 jovenes, uno de ellos un amigo: Mustafa Karman, que era cuñado de Hussein Ghrer; otro amigo que el 16 de este mes cumplirá un año desaparecido en las cárceles del tirano.


4.2.13

Libro de familia


Al igual que la mayoría de las decisiones gubernamentales en Siria, la clausura, hace unos 6 años, de la granja “Al-Raed”, una explotación estatal de ganado vacuno situada a pocos kilómetros al norte de la ciudad de Raqqa, no parecía tener ninguna lógica; sus números no eran malos, e incluso presentaba mejores resultados que la mayoría de las explotaciones similares repartidas por las provincias de Siria. La sucesión de decisiones absurdas continuó con el decreto de cederle las instalaciones de la granja y los terrenos circundantes al ministerio de defensa y convertir el enclave en el campamento de la División 17 de infantería del Ejército sirio. En una provincia cuya superficie casi dobla la del Líbano resulta que no encontraron otro sitio u otra opción para el destacamento militar que no sea liquidar la explotación vacuna. El chiste para los pocos graciosos atrevidos de la ciudad estaba hecho: el gobierno se llevó las vacas para traerse a los toros a su lugar.

La comparación resultó enormemente injusta para los toros..

A mediodía del 26 de diciembre pasado, la artillería situada en el campamento de la División 17 bombardeó Al-Qahtaniyya, una aldea situada dentro de una cooperativa agrícola cercana al campamento militar. Los obuses cayeron directamente sobre las casas matando a más de 20 personas, la mitad de ellos eran niños. No era la primera vez que funcionaba la artillería de la División 17, al lado de cuyo destacamento pasa la carretera que une Raqqa con Tal Abiad, la localidad situada, a unos 80 kilómetros, al lado de la frontera con Turquía y que hace meses que está “liberada” (fuera del control del régimen), pero era la primera vez que atacaba una zona residencial con tanta fuerza. Algunos heridos llegaron a los hospitales de Raqqa en carros, o incluso caminando; la durísima escasez de combustible jugó aliándose con el bombardeo contra población civil.

Cuentan los presentes en el servicio de urgencias del Hospital Nacional (el más grande de la ciudad) que un hombre con la ropa manchada de sangre y barro llegó con uno de los grupos de heridos y acompañantes desde Al-Qahtaniyya y se puso a dar vueltas sin rumbo dentro de la sala de espera. No estaba herido, pero sí muy confuso. Pronunciaba frases sin sentido y sollozaba. De repente empezó a gritar y a golpearse con una fuerza brutal, y antes de que la gente que se encontraba a su alrededor lograse agarrarlo e impedir que se hiciese más daño había sacado algo de su bolsillo y lo rompió con saña. Era un libro de familia; un obús había despedazado su casa matando a su esposa y a todos sus hijos.

Aparte de lo sangrante y doloroso de la situación, a uno le es imposible evitar ver un lado brutalmente poético en lo que hizo el hombre. Éste, rompiendo el libro de familia, había roto también todo vínculo burocrático entre lo que fue su familia y el “Estado”, cuyo “Ejército Nacional” le había arrebatado para siempre a los suyos. Es extremadamente difícil hacer algo poético con un libro de familia, un documento que en Siria es sinónimo de colas para conseguir bonos de azúcar o arroz, o para apuntar a los niños en el colegio, o para las pocas gestiones burocráticas que un menos de 15 años ha de hacer. El libro de familia no es como el pasaporte, ya que éste último, mucho más elegante, aparece intensamente en las aproximaciones poéticas de los sirios (y de los árabes en general). Es el documento de alejarse, de huir. Es símbolo del exilio, de la emigración, de la distancia. El pasaporte tiene el simbolismo burocrático de la añoranza, pero el Libro de Familia solo tiene la carga de un documento cuyo uso es proporcional al grado de pobreza y miseria.

Está claro que el pobre hombre no tenía ni intención ni interés en hacer nada simbólico o poético. Tampoco tenía esta intención aquel hombre que le aseguraba a los Shabbiha que su mujer era “Mi alma, la corona de mi cabeza” entes de que éstos lo liquidaran. Es el significado y el impulso de que su expresión traspase la carne y la sangre.

14.1.13

Mi alma, la corona de mi cabeza..


La víctima

Se ve el asfalto polvoriento de una calle que luego sabremos que está en Aleppo. Un hombre en calzoncillos blancos está tirado en el suelo con las manos atadas. Está sucio y ensangrentado, y recibe unos cuantos palos de uno de los soldados que lo rodean antes de que otro soldado comience a arrastrarlo por los brazos atados. No es fácil determinar la edad de este hombre, quizá entre 40 o 50 años, pero su estado hace difícil asegurarlo.

Mientras lo arrastran por el asfalto tapizado con polvo, tierra, suciedad varia y algún que otro casquillo, le siguen cayendo palos. Uno de los soldados recuerda a sus compañeros que no está permitido dispararle, y comienza una discusión macabra sobre si los golpes que está recibiendo están dificultando su arrastre. El hombre está aturdido, rozando un desmayo en el que acaba cayendo durante unos largos segundos, pero antes de eso repite que sus hijos son lo más valioso que tiene.

El soldado que lo arrastra le exige a uno de sus compañeros que lo ayude a arrastrarlo, y entre los dos logran levantar al hombre que, tras unos pasos dificultosos, vuelve al suelo incapaz de vencer a esas rodillas dobladas por el cansancio, o el miedo, o ambas cosas. El que arrastraba primero decide parar y pedirle un cuchillo a sus compañeros para cortar el cable con el que tienen maniatado al hombre; era más fácil arrastrarlo entre dos. Antes de eso no se olvida de pisotearle la cara y el pecho. El enfoque sube en algún momento y se ven, al lado de los uniformados, otros jóvenes armados vestidos de civil; los Shabbiha, las milicias de matones paramilitares.

Continúa el arrastre del hombre por una asfalto en el que empiezan a verse las marcas de las cadenas de los tanques con más claridad. El prisionero ha vuelto a perder el conocimiento, y los soldados siguen recordándose que todavía no se le puede disparar, y uno de ellos habla de “machacarlo cuando lleguemos arriba”. En medio de este diabólico trayecto el hombre recupera el conocimiento y empieza a rogarles a los soldados que le dejen despedirse de sus hijos, que están en su casa, en Al Quattane -un barrio popular de Aleppo-, explica el hombre a los soldados.

De repente se vuelven a pararse porque se han encontrado con otros soldados, y el que está filmando enfoca la cara del hombre, que sigue suplicando que le dejen despedirse de sus hijos. Ahí, con tono de estar divirtiéndose, el que filma le dice al hombre:”Te llevo a junto tus hijos si a cambio me follo a tu esposa”. El hombre se queda callado unos instantes, y, aturdido y confuso, le contesta:”Por Dios, mi esposa es mi alma, y mis hijos también, es mi prima, mi mujer, mi alma, la corona de mi cabeza (una expresión de cariño)”. El mismo diálogo se repite dos o tres veces hasta que uno de los soldados con los que se cruzaron se le acerca al hombre y le da una patada en la cabeza mientras le pregunta a los soldados que lo llevaban si querían liquidarlo ahí mismo. El que lleva la cámara dice que no y se vuelve para recordarle a uno de los compañeros que no hay que matar al hombre por ahora porque el coronel lo quería ver antes, pero el que preguntó hace caso omiso y arrastra rápidamente al hombre entre las risas de los otros soldados. El cámara no logra más que seguir la estela de polvo que deja detrás el desconchado cuerpo del hombre antes de que se escuche un sonido seco y contundente. Uno de los soldados espeta:”¡Ahí va!”, y otro dice divertido:”Te acabas de follar a su madre” (Termino que, claramente vulgar, indica que le acaba de hacer un gran daño), un tercero se acerca al cuerpo del hombre y dice no estar seguro de que esté muerto. El vídeo no deja ver qué le hicieron al hombre, pero, por lo que ya se observó como una macabra tendencia en otras grabaciones filtradas, lo más probable es que le lanzaran un bloque de hormigón sobre la cabeza. La grabación termina con la voz del que filma discutiendo sobre qué había ordenado el coronel y el general antes de exigirle al que había matado al pobre hombre que fuera a explicarle al coronel lo que había sucedido.

Este relato cuenta el contenido delúltimo vídeo filtrado de los teléfonos y las cámaras de los soldados y los Shabbiha. Unas filtraciones que comenzaron desde los primeros días del levantamiento popular, y que se han multiplicado a lo largo del último mes. Los soldados suelen intercambiar estas grabaciones como si fuesen trofeos de guerra, y esto hace posible que lleguen a manos de los rebeldes cuando capturan a soldados o matones, pero éste no es el único método de obtenerlos, ni siquiera es el más frecuente: hay soldados que ofrecen estos vídeos a activistas y a medios de comunicación a cambio de dinero, o simplemente para que le recuerden ese favor cuando caiga el régimen. No sabemos cómo se filtró este vídeo, ni sabemos de cuándo es, pero los diálogos entre los soldados y con el hombre quizás superen los momentos más bestias y macabros de la mente de Tarantino, pero con una diferencia enorme: Esto es Siria, y lo otro es ficción.

11.1.13

#Siria: Desplazados y refugiados. #Zaatari como ejemplo

Campo de Zaatari tras durante la tormenta de esta semana

El drama de la población civil siria tiene casi tantas expresiones como formas de morir hay en un país que, 22 meses después del inicio del levantamiento contra el régimen de Bashar Al-Asad, presenta un solar repleto de escenarios de destrucción posapocalíptica en la mayoría de las regiones por un lado, y por otro algunas zona que, relativamente y por ahora tranquilas, albergan a los más de dos millones de desplazados internos. La escasez de todo, menos de muerte, es el titular predominante en cada provincia de Siria; Apenas es posible conseguir combustible, escasean muchas materias básicas, incluido el pan, y en algunas zonas hay tanta falta de medicinas y material clínico que el uso de utensilios de cocina para cirugías urgentes se certificó en varios lugares, sobre todo en la provincia de Homs.

Muchos de los desplazados internos han tenido que huir más de una vez, primero de sus casa, y luego de un desafortunado lugar de refugio que también fue atacado por artillería y aviación. Algunos, sobre todo los habitantes de las zonas fronterizas, han tenido que huir fuera del país. Líbano, Turquía y Jordania son los destinos de unos refugiados que ganan un escape de las bombas a cambio de escaseces y condiciones de vida no solo duras, sino que, como en el campo de refugiados de Zaatari en Jordania, llegan a límites absolutamente inhumanos.

Según ACNUR, hay más de 600.000 refugiados sirios registrados o pendientes de hacerlo, una cifra que no refleja el total de los desplazados fuera del país, y posiblemente ni siquiera se le acerque, ya que los huidos del país con posibilidades económicas no suelen registrarse como refugiados. En Jordania, donde el sufrimiento extremo de los refugiados en sus campos ha sido noticia esta semana, los más de diez mil sirios que llegaron desde principios de año hacen que el total de refugiados en el vecino del sur ascienda a casi 300.000 personas. De estos, más de 62.000 (mal)viven en el campo de refugiados de Zaatari, a unos 60 Km al noreste de Amman, la capital.



La ubicación del campo de Zaatari, en pleno desierto, hace pensar que las autoridades pensaron más en aislar a esta masa humana policialmente que en las condiciones de vida de los refugiados. El desierto, junto a las insuficientes ayudas del gobierno jordano, los organismos internacionales, y los países árabes y occidentales, ha marcado la pauta del calvario de los miles crecientes de refugiados; Ya en octubre, una brutal tormenta de arena (vídeo 1) causó estragos entre los habitantes del campo, especialmente ancianos, niños y personas con problemas respiratorios. Los vientos del desierto destrozaron gran cantidad de tiendas, y la situación angustiosa llevó a los refugiados a protestar enérgicamente contra lo que consideraron un campo de concentración más que un refugio, y las fuerzas de seguridad jordanas actuaron reprimiendo las protestas. Estas muestras de indignación no fueron las primeras, ni tampoco las últimas.



Esta semana comenzó con fuertes tormentas de lluvia y nieve en todo Oriente Medio, y esto ha afectado también al desértico Zaatari (vídeo 2): El campo se convirtió en un inmenso charco de agua y barro, más de 500 tiendas han quedado destrozadas por completo, y hubo varias muertes por hipotermia. ACNUR ha reaccionado reclamando la movilización de ayudas por parte de los países árabes y occidentales, pero la respuesta testimonial da fe, otra vez más, de que combatir el sufrimiento de los sirios no es prioritario ni importante en las agendas internacionales. Zaatari sigue demostrando que es un lugar no apto para recibir a refugiados, y por desgracia lo seguirá demostrando, ya que nadie piensa hacer nada, ni con respecto a Zaatari, que es el peor campo de refugiados pero no es muy diferente al resto de campos en otros países limítrofes con Siria, y es, excepto misiles y bombas, lo más parecido a lo que uno se puede encontrar estos días en la mayoría de regiones de Siria, donde la ONU calcula que ya hay alrededor de un millón de personas que sufren dificultades para alimentarse.

1.12.12

#InternetCutInSyria: Aquí Damasco


 
El jueves pasado se cumplió en Siria,a nivel nacional, un gran temor que ya llevaba meses siendo realidad en muchas provincias: Se apagó internet. El régimen ha decidido que la mejor manera de combatir la ineficacia de su bloqueo informativo es cortar la red, la herramienta que hizo imposible convertir a Siria en lo que quería el régimen (y sus aliados y apologistas): Un auténtico agujero negro informativo.

No es la primera vez que se cortan las comunicaciones a nivel nacional. Ya en los primeros meses de la revolución era muy frecuente que la red dejase de funcionar los jueves y los viernes, y así intentar entorpecer el uso de la red para convocar movilizaciones, y también impedir que se difundan imágenes y noticias sobre las mismas. Luego pasó a ser frecuente el apagón en las zonas donde el régimen ejecutaba operaciones militares o campañas de detención, y estos apagones podían durar semanas. También hay que tener en cuenta el daño en las infraestructuras, sobre todo en las zonas liberadas, donde se ha utilizado la táctica de tierra quemada por parte del ejército contra todo lo que podía ser reutilizado por los rebeldes, y otras infraestructuras fueron dañadas intencionadamente por los rebeldes al no poder utilizarlas.

Casi todos los internautas sirios tienen un buen grado de experiencia en el trato con la mentalidad policial que dominó desde siempre la administración de las comunicaciones por parte del régimen. No hacía falta ser activista opositor para tener experiencia en burlar los bloqueos del régimen a páginas y servicios como Wikipedia, Hotmail (durante la primera mitad de la última década), Facebook, etc.., y esta experiencia valió para salir adelante, en la medida de los posible, durante la revolución, siempre y cuando el bloqueo fuese de software. Para bloqueos más difíciles de tratar como el corte de la red o la destrucción de infraestructuras hubo que buscar otras alternativas como el uso de aparatos de internet vía satélite o el anclaje a redes de países vecinos en caso de las zonas fronterizas, pero ambas opciones tienen en contra su altísimo coste económico, lo que conlleva que solo las utilicen, y de manera muy economizada, las coordinadoras o los centros de prensa de las agrupaciones locales. Esta es la única manera que nos permite ahora saber algo de lo que está ocurriendo en el país.

Diseño con recortes de frases de Aquí Siria

Ante esta situación, los sirios en la diáspora lanzaron Aquí Damasco (هنا دمشق), un eslogan que se propagó rápidamente por las redes sociales como manera de protesta por el apagón cibernético y que sale emulando una historia que siempre fue utilizada como ejemplo de solidaridad árabe: Durante la Guerra de Suez en 1956 ( Agresión Tripartita para los árabes) la aviación de la coalición británico- franco- israelí atacó las torres de emisión de la Voz de los Árabes, la emisora oficial del Egipto de Nasser y símbolo sonoro del panarabismo cuya apertura habitual Aquí El Cairo era emblemática, lo que provocó el corte de la emisión, y como gesto simbólico de solidaridad con el país hermano agredido, Radio Damasco abrió la emisión de sus informativos con la frase Desde Damasco, aquí El Cairo. Siria en aquel entonces vivía gobernada por un régimen bastante débil, lastrado por una cadena compulsiva de intentonas golpistas, pero era también una época de democracia parlamentaria y libertad de prensa. En el poder estaba Shukri Al-Quatley, prohombre de la independencia y único presidente democráticamente elegido en la historia de Siria.

Desde que el jueves, miles de sirios residentes en el exterior han colgado en sus perfiles la frase Desde (lugar de residencia), aquí Damasco. la imagen que se puede ver en el Timeline de cualquier sirio en las redes sociales es de un auténtica red simbólica suyos hilos comenzan en infinidad de países y ciudades y convergen en Damasco. Comienzan a salir también expresiones artísticas del fenómeno (videos, diseño gráfico, fotografía) que se suman al amplio historial de arte de protesta que ya tiene Siria. 

Los valores de la historia que rescata Aquí Damasco provocan que este fenómeno cibernético sea más que un TT en Twitter o una frase recurrente en Facebook. Es la vuelta a la conexión con valores que a veces han quedado mitigados por la violencia desatada en el país, conexión que ha de durar, al menos, hasta la vuelta de la conexión de internet a Siria, o incluso hasta la vuelta de la conexión con la libertad y la dignidad de un pueblo maltratado durante décadas.