23.9.11

Sobre #Palestine194

Hay que reconocer que Mahmoud Abbas ha sorprendido a todos yendo hasta el final en su solicitud de reconocimiento de Palestina como Estado de Pleno Derecho en la ONU. La posibilidad de ceder ante las presiones de EEUU y la UE tenían un peso sacado de la historia de obediencia de la OLP a los mandatos de la “Comunidad Internacional” desde la firma de los acuerdos de Oslo, en especial desde la desaparición de Arafat.

Abbas ha solicitado formalmente el ingreso de Palestina en la desestructurada familia internacional. El rechazo de EEUU al reconocimiento de un Estado palestino sin el consentimiento (los políticamente correctos le llaman “acuerdo”) de Israel hace de este camino una misión casi imposible. A los palestinos se les prohibió luchar pese a estar ocupados por un ejército con un más que excelente armamento y más que penosa ética, también se les prohíbe ir por la vía política en busca de una ínfima parte de sus derechos. ¿Qué deben de hacer los palestinos para que la “Comunidad Internacional esté a gusto con ellos? ¿Morir en silencio?

La más que improbable consecución de la OLP de lo que hoy reclamó su jefe ante el mundo entero no sería, de suceder, una victoria para Palestina, más bien todo lo contrario. A lo que se aspiraba hoy era a conseguir el reconocimiento de un Estado sobre el 22% del territorio de la Palestina Histórica, sin una solución para los millones de refugiados palestinos en todo el mundo ni para sus derechos dentro de lo que sería reconocido como “Israel” definitivamente. La OLP ha ofrecido una causa del tamaño de 6 décadas de sufrimiento de un pueblo y de una nación robada a precio de saldo, y ni así se consigue que alguien se la compre.

La “Comunidad Internacional” (Es decir, EEUU, UE y el silencio cómplice ruso) se ha posicionado desde siempre del lado de Israel, y su vergonzosa postura hoy es una vuelta de tuerca más a lo que lleva décadas sucediendo. Los palestinos son los “desheredados” del mundo en este momento; Se les encierra bajo mil puertas y se les prohíbe que las arañen con sus desesperadas uñas. Las puertas o se abren solas o habrá que tirarlas abajo, es decir: INTIFADA.

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